martes, 25 de septiembre de 2007
sábado, 8 de septiembre de 2007
jueves, 6 de septiembre de 2007
Isla Aneto
La otra noche mientras dormía, no te lo creas,
siniestro sueño, cosa imposible, me acompañó.
Un gran pantano, ¡qué digo yo! ¡como un océano!
cubría la tierra, inundaba el llano sin compasión.
Solo emergía de entre las aguas un archipiélago
viejas montañas recompensadas por el destino:
hoy nuevas islas, un Nuevo Mundo, el Paraíso.
Los Pirineos se reflejaban en el mar azul.
Fui navegando junto a las playas de la Bal Ancha
vi los pesqueros llegando al Puerto de Monrepós,
llegué a los Mallos acantilados mirando al mar,
haciendo sombra a las traineras de Biscarrués,
Y viento en popa, llegué a las playas d'Echo y d'Ansó,
donde las tribus aun hablan lenguas por descifrar.
Y recalé en la turística villa de Artieda
llena de suecos y de alemanes tomando el sol.
Izad las velas, tensad las cuerdas
¡A navegar!
Cambiad la lucha
de tierra firme que naufragó.
Surcad los mares
de la derrota que no llegó.
Salvad la tierra,
que guarda el puerto de nuestro amor.
Fui a esquiar acuáticamente a Cala Tena,
crucé las islas de Cotefablo tras las ballenas,
subí los fiordos de Añisclo
en barca mirando al fondo
el archipiélago de Tres Hermanas y un calamar.
Probé chiretas de tiburón en Puerto Benás
frescos percebes recién pescados en Ria Graus,
pez espada de las espadas de San Lorenzo
y mejillones del rompeolas de Castejón.
Izad las velas...
Cambiad la lucha...
Surcad los mares...
Salvad la tierra...
Mis sardinicas que ricas son,
de Santaliestra las traigo yo...
Comando Cucaracha-Isla Aneto
jueves, 30 de agosto de 2007
Y es que mi vida no son hechos...

Sí, me felicito.
Tengo casi superada la fase en la que uno busca exculparse de las penurias personales culpabilizando al resto.
Ahora, fijo el objetivo en superarme a mi misma...
Puede que sí, que ellos influyesen decisivamente (quizá demasiado) en lo que hoy vivo, soy y siento, pero insisto ¡señalarlos, criminalizarlos, juzgarlos y condenarlos no me va a solucionar el problema!
Hoy y siempre todo depende y dependió de mi, única y exclusivamente de mi.
Ese paso que se hace necesario, absolutamente imprescindible, he de darlo yo. Y tras uno, otro. Seguro.
Pero me siguen pesando los pies como si estuviesen rellenos de plomo...
miércoles, 29 de agosto de 2007
Una buena historia, vive dios...

De ese centenario se ha hablado poco, pues nadie puede hacerse fotos a su costa. Hace setecientos años justos, además de salvar el imperio bizantino del avance turco, los almogávares arrasaron Grecia. Fue un episodio sólo comparable a la conquista de América por bandas de aventureros sin nada que perder salvo el pellejo -que se cotizaba a la baja- y con todo por ganar si salían vivos. Pero en esta España donde los libros escolares no los determina la memoria, sino el pesebre donde trinca tanto sinvergüenza periférico y central, esas historias han sido eliminadas, o manipuladas en beneficio de los golfos que organizan el negocio en plazos de cuatro años: los que van de una urna a otra. El resto importa un carajo. De los almogávares, como de lo demás, no se acuerda casi nadie. Eran políticamente incorrectos.
Madrugando el siglo XIV, el emperador de Bizancio pidió ayuda para frenar el avance de los turcos, y la corona de Aragón envió sus temibles Compañías Catalanas. Lo hizo para quitárselas de encima. Estaban integradas por almogávares: mercenarios endurecidos en las guerras de la Reconquista y en el sur de Italia. Sus oficiales, de mayoría catalana, eran también aragoneses, navarros, valencianos y mallorquines. En cuanto a la tropa, el núcleo principal procedía de las montañas de Aragón y Cataluña; pero las relaciones mencionan apellidos de Granada, Navarra, Asturias y Galicia. Feroces y rápidos, armados con equipo ligero, combatían a pie en orden abierto, con extrema crueldad, y entraban en combate bajo la señera cuatribarrada de Aragón. Sus gritos de guerra eran Aragón!, Aragón!, y el terrible, legendario, Desperta, ferro!
La historia es larga, tremenda, difícil de resumir. Seis mil quinientos almogávares recién desembarcados en Grecia destrozaron a fuerzas turcas muy superiores, matando en la primera batalla a trece mil enemigos, sin dejar con vida -eran tiempos ajenos al talante, al buen rollito y al diálogo entre civilizaciones- a ningún varón mayor de diez años. En la segunda vuelta, de veinte mil turcos sólo escaparon mil quinientos. Y, tras escaramuzas menores, en una tercera escabechina los almogávares se cepillaron a dieciocho mil más. Eran letales como guadañas. Además, entre batalla y batalla -españoles a fin de cuentas- pasaban el rato apuñalándose entre sí por disputas internas, o despachando a terceros en plan chulito, como los tres mil genoveses a los que por un quítame allá esas pajas acuchillaron en Constantinopla, durante una especie de botellón que terminó como el rosario de la aurora.
A esas alturas, claro, el emperador Andrónico II se preguntaba, con los huevos por corbata, si había hecho bien contratando a semejantes bestias. Así que su hijo Miguel invitó a cenar a Roger de Flor, que era el jefe, y a los postres hizo que mercenarios alanos los degollaran a él y a un centenar largo de oficiales. Fue el 4 de abril de 1305. Después de aquello los griegos creyeron que la tropa almogávar, sin jefes, pediría cuartel. Pero eso era desconocer al personal. Cuando apareció el inmenso ejército bizantino para someterlas, aquellos matarifes oyeron misa y comulgaron. Luego gritaron: Desperta férro, Aragón!, Aragón!, y se lanzaron contra el enemigo, pasándose por la piedra a veintiséis mil bizantinos en un abrir y cerrar de ojos. Lo cuenta Ramón Muntaner, que estuvo allí: “no se alzaba mano para herir que no diera en carne”.
No quedó sólo en eso. Enterados los almogávares de que nueve mil mercenarios alanos -los que aliñaron a Roger de Flor- volvían a su tierra licenciados y con familia, les salieron al paso, hicieron picadillo a ocho mil setecientos y se quedaron con sus mujeres. Después, durante una larga temporada y pese a estar rodeados de enemigos, se pasearon por Grecia saqueando y arrasando, por la patilla, cuanto se les puso por delante. Fue la famosa venganza catalana. Y cuando no quedó nada por robar o quemar, fundaron los ducados de Atenas y Neopatría: estados catalano-aragoneses leales al rey de Aragón, que aguantaron durante tres generaciones hasta que con el tiempo, el sedentarismo y el confort, se fueron amariconando -hijo caballero, nieto pordiosero- y quedaron engullidos, como el resto de Grecia, por la creciente marea turca que había de culminar con la caída de Constantinopla.
Arturo Pérez-Reverte
viernes, 24 de agosto de 2007
Furia divina
Jodida y sutil.
Cuando me sacan de las casillas, me encargo de hacerles la vida imposible sin que se den cuenta que he sido yo.
De mis días de mala leche datan el matrimonio, la televisión y los taxistas.
Así que mucho cuidado conmigo.
En la furia acuno ideas inombrables.
Gracias "Redactor" por facilitarnos dicho blog...
lunes, 20 de agosto de 2007
Hay pocas escenas en el cine que hayan pasado tan completamente al acervo cultural común como las de este genio y sus disparatados hermanos. Poca, muy poca es la gente que no reconoce de que se habla cuando alguien dice "esto parece el camarote de los hermanos marx" o grita "traed madera, es la guerra, traed madera",
Pero más allá del chiste fácil, del gag cómico, sus guiones están llenos de ironía, de optimismo, de ganas de vivir y de mucho cinismo.
He pasado estupendas horas riendome sin parar de este loco genial; así que, una vez que le he disculpado por no levantarse, le rindo un pequeño homenaje con trocitos de sus películas. Que os aproveche, yo aún me rio.
¿Quiere casarse conmigo? ¿Le dejo mucho dinero? Responda primero a la segunda pregunta (Sopa de Ganso)
¡Es la guerra! ¡Traed madera! ¡Traed madera! (Los hermanos Marx en el Oeste)
Mírame a mí: saliendo de la nada he alcanzado las más altas cotas de la miseria (Pistoleros de agua dulce)
Un niño de cuatro años podría entender este documento. Sal y tráeme un niño de cuatro años (Sopa de Ganso)
Cásate conmigo y no volveré a mirar otro caballo (Un día en las carreras)
Recuerde que esta usted luchando por el honor de esta mujer: Que ya es probablemente más de lo que nunca ha hecho ella. (Sopa de Ganso)
Bailaré con usted cuando las ranas críen pelo. Mejor pensado, bailaré con las ranas cuando Vd. crie pelo (Sopa de Ganso)
Una de dos: o este hombre está muerto o se me ha parado el reloj (Un día en las carreras)
¿A quién vas a creer, a mi o a tus propios ojos? (Un día en las carreras)
¿Llamas a esto fiesta? La cerveza esta caliente y las mujeres frías (Pistoleros de agua dulce)

Una de sus escenas más famosas...
Y otra impagable...

